martes, 17 de noviembre de 2015

Cinco especias chinas


Ingredientes:
- 5 unidades de anís estrellado.
- 1 cucharaditas de pimienta de Sichuan.
- 2 cucharaditas de semillas de hinojo.
- 1 rama de canela.
- 34 clavos de olor.
Elaboración:
   Pon todos los ingredientes en un molinillo y muele hasta convertir la mezcla en polvo. Si quieres, para hacerlo más fino, pasa por un tamiz o colador, aunque no es necesario.
   Guarda en un bote, preferiblemente de cristal bien cerrado hasta que lo tengas que utilizar.

Notas:
   Como casi siempre que hago mezclas de especias, os pongo una foto de todas antes de meter en el molinillo, por dos motivos, uno, para que veáis más o menos la cantidad de especias que lleva. Otro, para que por si no conocéis alguna, al menos le "pongáis cara".


   No creo que, si tenéis  a mano alguna tienda de especias, os resulte difícil encontrarlas, ya que esta vez son muy comunes. Si no hay tiendas cerca, siempre se puede recurrir a una web especializada, aunque cuidado, que empiezas a ver especias, a meterlas en el carro y nunca se ve el fin.


   Como siempre mi consejo para ciertas mezclas es que os compréis por nada y menos un molinillo para molerlas si es necesario. Yo tengo uno muy resultón, que tiene dos cuchillas, una para moler café y otra para moler especias. Si es mucha cantidad la que hago, directamente va a la Thermomix, que lo deja perfecto, pero para cantidades más pequeñas van de cabeza al molinillo.

Apuntes:
   Sabéis que habitualmente me gusta poner las cantidades en gramos, de esa forma siempre es la misma cantidad, pero hoy voy a variar, ya que siempre la preparo tal cual la pongo arriba. Aunque ya puse las cucharas con las que mido en la receta del sazonador tex-mex, os la pongo de nuevo. Muchas veces os he contado que es una inversión muy baratita y nos ayudan mucho a la hora de cocinar. Se mide muy rápido con ellas y su uso es muy sencillo, tan sólo hay que llenar, enrasar y listo.


   ¿Son preciosas, verdad? Pues ya sabéis, un paseito a una tienda y a comprarlas si no las tenéis, que como dice mi querido Eusebio, hay que internacionalizarse un poco.

   Si vivís en Madrid, sabéis que siempre recomiendo la tienda de Spicy Yuli, en la calle Valverde. Si en Madrid queréis tiendas de esas que tienen mil cosas y que ni preguntando al tendero os enteráis, hay que dar un paseo por Lavapiés o ir a General Margallo, eso sí, id con el dinero contado o no me hago responsable de lo que gastéis.
   Si vivís en Sanlucar de Barrameda o cerquita, tenéis la tienda de Eima, en la calle Ancha. Decidle que vais de mi parte, que igual en vez de regalaros una sonrisa, os regala dos.
   Si vivís en Pontevedra, tenéis al menos dos opciones. Una, ir a la tienda Mijallas, en la calle César Boente. Es una tienda relativamente nueva, en la calle que baja a la "Plaza" (mercado), que está muy bien surtida. Y la otra es ir a Amelia, en la calle Marqués de Riestra.

   La verdad es que llevo tiempo con ganas de hacer un listado de mis tiendas favoritas y no lo acabo de ponerlo en el blog. Creo que será una de mis siguientes publicaciones, ¡¡decidido!!

   Se me olvidaba, para qué utilizar esta mezcla. Casi para todo, podéis preparar un wok, añadirlo a un guiso de ternera, si tenéis alguna vez un pato a mano, también le va genial (yo estoy cocinando ahora mismo un ganso utilizándola), para pasta, galletas, bizcochos, ... Como veis es una mezcla muy versátil. Ya me contaréis qué tal os va con ella.

   Nos vemos en unos días... ¡¡¡Feliz semana a todos!!!

jueves, 5 de noviembre de 2015

Cachuela o caldillo extremeño.


Ingredientes:
- 350 gr. de hígado de cerdo.
- 300 gr. de lomo de cerdo ibérico.
- 400 gr. de manteca de cerdo ibérica.
- 3 dientes de ajo.
- 7 gr. de comino molido.
- 11 gr. de pimentón dulce de La Vera.
- 12 gr. de sal.
- 2 hojas de laurel.
- 2 clavos de olor.
Elaboración:
   Para empezar, pon en un plato todas las especias que debes utilizar en la receta para así tenerlas a mano a la hora de usarlas.
   Corta el hígado y el lomo en trozos no muy grandes y corta los ajos en láminas. Mientras, en una sartén pon la manteca para que se vaya derritiendo. Una vez que está derretida, sofríe los ajos en ella y reserva. Pon en la sartén las dos hojas de laurel y mantenlas dentro mientras que se hacen el lomo y el hígado. Echa el lomo y fríe a fuego no muy fuerte hasta que esté hecho. Reserva. Añade el comino, los dos clavos y el hígado a la sartén repitiendo la misma operación, hazlo hasta que deje de estar crudo.
   Con un robot de cocina, batidora o lo que tengas en casa para triturar, pasa el lomo, el hígado, los clavos de olor y los ajos que tenías reservados (cuidado, que no vayan las hojas de laurel) hasta que tenga textura de paté. Lo mejor es que añadas un poco de la manteca para que sea más fácil triturarlo. Devuelve la mezcla a la sartén, añade el pimentón, moviendo bien para que se mezcle y deja a fuego lento unos 15 minutos.
   Llegados a este punto ya tenéis listo el plato, pero ahora tenéis dos opciones, una, no mover mientras que se enfría, lo que hará que la manteca suba a la superficie y la otra, que es la que yo hago, es ir moviendo de vez en cuando para que la manteca no suba y tener siempre todo bien mezclado.

Notas:
   Esta, al igual que otras recetas no tiene mucha complicación, pero ya sabéis de mi costumbre de fotografiar diferentes momentos del proceso, por eso de si alguien pudiera tener alguna duda.


   Comencemos con las especias. No voy a volver a decir, o al menos voy a intentar no hacerlo, eso de que os recomiendo que os compréis una basculita de precisión (aunque me suena que esto ya lo he dicho antes). En la foto veis la cantidad de especias que se necesita, aunque realmente la sal no es que se vea muy bien que digamos, pero eso es lo de menos, ya que se puede rectificar al final y como todos sabemos, mejor quedarnos cortos que pasarnos. El pimentón que uso es dulce, de La Vera, por supuesto, pero a estas alturas creo que nadie duda de eso. Los clavos los podéis sustituir y ponerlos molidos directamente, aunque a mi me gusta mucho más así.


    Aquí tenéis el hígado y el lomo ya partido. Como veis, no son trozos muy grandes, de esa forma consigo que se hagan bien por dentro lo antes posible. Deciros en este punto que podéis jugar con las cantidades de uno y otro.


   Estas cuatro fotos en una no es que tengan mucho misterio, pero podéis ver, por la forma de la manteca, que la que utilizo es la que viene en una tarrina (ibérica, eso sí). También podéis ver el punto de fritura de los ajos. Hay quien los pone crudos, pero como que no... El lomo veis que está hecho, pero para nada está pasado de fritura, debe quedar en su punto, al igual que el hígado, que en la foto está en pleno proceso de fritura.


   Como bien os digo en la elaboración de la receta, es importante que al retirar el hígado de la sartén no os llevéis a la trituradora las hojas de laurel. A la hora de triturar ya sí es una cuestión de gustos. Si os gusta encontraros trocitos en plan rústico, lo pasáis menos, si os gusta como a mí, pues se le da más rato. Eso sí, si echáis un poco de manteca ayudará a que se haga mejor y más rápido.


   Una vez que devolváis el picadillo que habéis hecho a la sartén y teniendo el fuego medio, es el momento de añadir el pimentón. Debéis mezclar bien y cuando empiece a burbujear, hay que bajar el fuego al mínimo y dejar que se vaya haciendo lentamente al menos durante 15 minutos.  Es muy importante controlar la temperatura para que no se queme el pimentón y amargue. Aunque en realidad está hecho, ese rato al fuego hace que todos los sabores se mezclen bien.


   Y pasado ese rato, ya tenéis la cachuela o caldillo listo. En este punto es cuando decidís si moverlo de vez en cuando para que todo siga mezclado, que es como a mi me gusta o, por el contrario, dejarlo tal cual para que la manteca suba y ya ir mezclando vosotros cuando os hagáis las tostadas. Si elegís esta segunda opción, lo suyo es que antes de que enfríe lo repartáis en los botes en los que va a estar.
   Para conservarlo, lo mejor es tenerlo en el frigorífico, que aunque se queda como tiesorro, atempera en un momento cuando se saca para usarlo, sobre todo cuando se pone encima de un trozo de pan recién tostado...

Apuntes:
    Antes de nada, deciros que la mayoría de la gente hace la cachuela tan sólo utilizando hígado de cerdo, pero mi abuela, en una de las muchas conversaciones que tenía con ella, me contaba que su madre siempre le metía lomo, ya que suavizaba muchísimo el sabor final. Y yo, que soy muy bien mandada (cuando quiero y me conviene, claro), siempre lo he hecho como ella me decía. En casa, mientras que mi abuelo vivía siempre se hizo matanza, ella me contaba que no era muy de hacer esto, pero me dijo como lo hacía mi bisabuela María Teresa. Aviso, a pesar de llevar lomo, tiene un sabor muy peculiar, por no decir potente. Caco dice que no entiende como puedo desayunar esto estando recién levantada, pero en eso salgo a mi abuela, que desayunaba muchos días una rica masilla de ajoblanco en su pan recién tostado.
   Casi, casi me tiro otra temporada sin poner esta receta, ya que cuando acuerdo, ya no me queda nada para hacer una triste foto, vamos, mirad como quedó ayer uno de los dos botes (salen 4 del tamaño que yo uso):


   Por eso, esta mañana, antes de nada, he cogido un cacho de pan de ese que se compra tostado y aprovechando que tenía hambre, lo he untado, he hecho una foto y me lo he comido. Así he matado dos pájaros de un tiro, hay foto para el blog, aunque la cambie otro día que tenga pan en condiciones y he saciado un poco el hambre que arrastraba, que no era poca.

   En todo este tiempo sin publicar, que acabo de ver que hace ya un més que no lo hacía ha dado tiempo a hacer el aguardiente. ¡¡¡Yo ya tengo mi parte guardada para que nadie me lo quite!!! Este año quiero hacer licor de hierbas, que el año pasado no lo hice.
   La verdad es que hacer el aguardiente no es que sea muy "trabajoso", el problema es que sale tan poquito que se hace eterno. Lo mejor es que pasas un fin de semana en familia. Discutir, se discute mucho, bueno, realmente la que discute soy yo, que si el fuego está muy fuerte, que si el fuego está muy flojo, que si hay poco caldo en el alambique, que si eso está enguachinadito... Es curioso, pero incluso sin medir el alcohol que va sacando el aguardiente, se sabe cuando hay que parar de guardar lo bueno y empezar a deshechar. Aunque siempre aparece mi madre diciendo... ¡¡¡Esperaaaaaaa, esto déjalo para los dulces!!!

   Por cierto, hace tiempo que no os enseño como va creciendo Carlota, ¿verdad?


   Está para comérsela (la que está con ella es mi tía Virgi, que apencó un buen rato con ella ese día), pero a la modorra no le apetece hablar, ella debe pensar que no le hace falta, que tiene un dedo mágico y con señalar todos debemos adivinar lo que quiere. Con papá, mamá y de vez en cuando tita, parece que le sobra, aunque cuando cuentas y llegas al cinco, lo dice a las mil maravillas. Igual el 25 de Diciembre nos sorprende y nos dice Feliz Navidad...

   Por cierto, hablando de críos, mi primo Joaquín Pablo y Noe ya han tenido a Martina, es una niña preciosa y les pediré permiso para enseñaros al nuevo miembro de la familia cuando nos juntemos. Le haré unas fotos y después les lloraré para que me dejen. ¡¡¡Iré practicando la cara de pena!!!

   Antes de acabar, decirte Ander, que sé que me leerás, y espero que esta receta llena de pringue te guste, aunque conociéndote, seguro que le pondrás peguitas...

   No me entretengo más, voy a hacer uan mezcla de especias, que me queda muy poquita. Conocéis el Ras el Hanout, ¿no?. Pues eso voy a hacer. Igual le hago fotos y la subo al blog, que como todas las mezclas, es fácilísima y siempre queda mejor cuando la haces en casa.

   Nos vemos en unos días (espero que no meses, que me conozco últimamente)... ¡¡¡Feliz semana!!!